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Dar y aprender

Tres historias, tres vocaciones

Cada año se reciben en nuestra escuela hombres y mujeres que encontraron acá una vocación y una pasión. Te contamos tres historias de personas a las que la escuela les cambió la vida para siempre.

Uno de los grandes orgullos de nuestro gremio es la Escuela de Capacitación, en la que cada año ingresan y se reciben hombres y mujeres que están encontrando una vocación que probablemente los acompañará toda la vida, un lugar en el que suceden un montón de historias que vale la pena conocer. Para este número de nuestra revista elegimos tres historias que ejemplifican a la perfección el impacto positivo que puede tener la capacitación, la formación en algo que te apasiona, y cómo eso te puede cambiar para siempre.

Jésica Vázquez empezó en 2013 el Curso de Auxiliar de Familia con Especialidad en Cuidados del Adulto Mayor. Y en la escuela no sólo aprendió a ser asistente geriátrica, sino que también se liberó de ataduras contra las que luchan muchas mujeres: “Estaba en pareja y él no quería que yo estudiara, así que tuve que luchar bastante para poder venir. Durante el primer año que estuve estudiando acá, empecé a abrir los ojos y entender lo que era realmente la violencia de género, lo importante que es que la mujer pueda hacer cosas por sí misma y tomar decisiones. Me recibí de asistente geriátrica y tenía una felicidad muy grande, pero el día que me recibí fue un problemón porque me había arreglado para la entrega de diplomas y eso provocó esos celos enfermos que tienen muchos hombres. Pero bueno, lo importante fue que me recibí y ya estaba trabajando de asistente geriátrica”.

Una cosa que Jésica no se cansa de repetir es el apoyo que recibió en el marco de la escuela: “Les debo muchísimo por todo el empuje que me dieron. Por eso vine a agradecerle a mis profesores por todo el aliento que me dieron para seguir, por ayudarme a entender cuán importante es el estudio para la vida, por brindar su tiempo para charlar y guiarte. En realidad, yo venía inicialmente para estudiar Radiología, pero mi profesor me dijo: ‘¿Radiología?, pero si vos tenés pasta para ser una gran enfermera’. Y la verdad es que acertó, porque eso es lo que más me gusta, no se equivocó para nada, y realmente me encanta ser enfermera, que es lo que al final elegí estudiar. El curso de Asistente Geriátrico que hice acá me sirvió muchísimo, aprendí un montón de cosas que son fundamentales para esta labor tan delicada, para la que hay que tener paciencia y amor por lo que uno hace, no hacerlo solo por la plata, ya que tratamos con seres humanos, que podrían ser nuestros abuelos o nuestros padres”.

A veces, la vocación se encuentra de la manera menos pensada. A Jonathan Silva, el interés por la Radiología le llegó a partir de las muchas lesiones que tuvo desde chico por la práctica de deportes. De tanto ver trabajar a los radiólogos, se terminó interesando, y actualmente está cursando el tecer año de la carrera de Radiología en la escuela, donde también tuvo la posibilidad de capacitarse con cursos de tomografía, resonancia y mamografía: “Entré con 21 años y me encontré con un grupo de gente muy unido, tanto los profesores como los compañeros. Te sentís capacitado para salir a buscar trabajo, hay que moverse un poco ahora, pero hay buena salida laboral para esta carrera”.

Finalmente, la historia de Sandra Mansilla es muy inspiradora, porque muestra el compromiso que muchas de las personas que pasan por nuestra escuela acaban desarrollando con la institución.

Sandra ingresó en 2005 y años después de recibirse, regresó como docente para formar a las nuevas generaciones. “Para mí, la escuela del gremio fue como un segundo hogar, un lugar que me contuvo y me enseñó mucho”, nos cuenta Sandra. “Y recuerdo perfectamente el día en que Walter Barabás, el coordinador de la carrera, nos dijo a un grupo de egresados que ojalá algún día algunos de nosotros volviéramos para enseñar y transmitir lo que aprendimos. En ese momento, uno piensa que son palabras nada más, lindos deseos, pero no pasó mucho tiempo hasta que regresé para enseñar. Y ahora somos cuatro los docentes que fuimos alumnos de la escuela. Fue fenomenal lo que el sindicato me brindó: me abrió puertas, me dio autoestima y herramientas para superarme. Y yo, humildemente, puse mi parte, que fue no quedarme, seguir capacitándome: después de la escuela hice la Licenciatura y luego un profesorado universitario. Hay un acuerdo entre FATSA y la Universidad ISalud en la que podés entrar a la carrera de Profesionalización de Auxiliares. Creo que acá en la escuela hay una filosofía muy interesante que es transmitir muy fuertemente que trabajamos con seres humanos. Eso, que parecería tan evidente, muchas veces lo perdemos de vista. Para nosotros es tan importante la currícula, la teoría y la práctica, como la formación humana, que creemos que en la Sanidad es un asunto fundamental”.

Le preguntamos a Sandra si todavía siente nervios al entrar a clase: “Y… un poco sí. Imagino que debe ser como los actores, que si no sienten un cosquilleo cuando suben al escenario es como que algo no funciona. Para mí, cada clase sigue siendo un nuevo reto”.

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